Durante años, el calendario del sector nupcial ha estado condicionado por una estacionalidad muy marcada. Primavera y otoño concentraban buena parte de las celebraciones, mientras que los meses centrales del verano se entendían tradicionalmente como un periodo de menor actividad. Ese esquema, sin embargo, empieza a ser menos rígido. Las nuevas formas de celebrar, el crecimiento de las bodas de destino, la mayor flexibilidad de las parejas y la evolución de la oferta de espacios y servicios están ampliando el calendario y generando nuevas oportunidades durante meses que antes tenían un peso menor. Julio es un buen ejemplo de ello. El verano no elimina la actividad nupcial. La transforma. Las…